25 feb 2009

Arte Precolombino



Desde mi enciclopedia:

"Se llama precolombino el arte relativo a America con anterioridad al decubrimiento de Colón. Pero puede ampliarse el término temporal hasta que la acción de los conquistadores españoles, en el siglo XVI,
y el proceso de colonizacion hicieronque se extinguiera. Aquí se tata únicamente de la manifestaciones artísticas de las tres principales culturas americanas: mexicana, maya e incaica. Su estudio, a la fuerza somero en la presente obra, se halla relacionado de todo íntimo con la arqueología, que se enfrenta aún con su caso con arduos problemas."



El arte precolombino es la manera como se designa al conjunto de realizaciones artísticas e intelectuales como escultura, arquitectura, arte rupestre, cerámica, textil, metalistería y pintura realizadas en el continente americano durante el periodo precolombino en América. Este es el elemento principal que permite el conocimiento y reconocimiento de las civilizaciones precolombinas, la prueba de su nivel de desarrollo y la capacidad de transformación de su medio ambiente. Para literatura y poesía consultar poesía precolombina.


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Arte Japones

El Arte del Japón es una síntesis de las distintas culturas e influencias que han llegado a sus costas a lo largo del tiempo. En la antigüedad, Japón fue poblado por pueblos altaicos llegados del continente asiático y por otros de origen malayo polinésico venidos del sur. Debido a su insularidad, Japón ha estado aislado buena parte de su historia, pero a intervalos ha ido recibiendo la influencia de las civilizaciones continentales, sobre todo de China y Corea. Gran parte del arte producido en Japón ha sido de tipo religioso: a la religión sintoísta, la más típicamente japonesa, formada alrededor del siglo I, se añadió el budismo en torno al siglo V, forjando un sincretismo religioso que aún hoy perdura. El arte japonés será reflejo de estas distintas culturas y tradiciones.

Período Jōmon (5000 a. C.-200 a. C.)

Durante el mesolítico y el neolítico se fabricaron instrumentos de hueso y piedras pulimentadas, cerámica y figuras antropomorfas.

Período Yayoi (200 a. C.-200)

Desde el siglo I empezó a introducirse la civilización del continente, a causa de las relaciones con China y Corea. En esa época se difundió un tipo de sepulturas de gran tamaño con cámara y túmulo ornamentado con cilindros de terracota con figuras humanas y de animales. La cerámica se produce con torno.

Período de las antiguas tumbas (200-600)

Destacan las grandes sepulturas de los emperadores Ōjin (200-310) y Nintoku (310-399); junto a las tumbas aparecen joyas, armas, cerámica y unas figuras llamadas haniwa, de gran valor estético. En este período encontramos las primeras muestras de pintura japonesa (tumbas de Kyūshū, siglos V-VI; enterramiento real de Otsuka). En cuanto a arquitectura religiosa, cabe destacar el templo de Isa.

Período Asuka (552-646)

Templo de Hōryū-ji, en Nara.

La llegada del budismo produce en Japón un gran impacto a nivel artístico y estético, con fuerte influencia del arte chino. Como edifico más destacable de este período hay que mencionar el templo de Hōryū-ji (607), representante del estilo Kudara. Las primeras imágenes de Buda fueron importadas del continente, pero luego se instalan en Japón gran número de artistas chinos y coreanos (Bodhisattva Kannon, obra del coreano Tori). La obra más importante de este período es el Kannon de Kudara (siglo VI), realizado por un artista desconocido. La pintura denota un gran sentido del dibujo, con obras de gran originalidad como el relicario de Tamamushi.

Período Nara (646-794)

Pagoda de Yakushi-ji, en Nara.

En esta época tiene su apogeo el arte budista, continuando con gran intensidad la influencia china. Se conservan pocos ejemplos de arquitectura, generalmente construcciones monumentales: Pagoda del Este de Yakushi-ji, templo de Tōdai-ji, templo de Kōfuku-ji, Shōsoin de Nara. Obtiene gran desarrollo en escultura la representación de Buda, con estatuas de gran belleza: Sho Kannon, Buda de Tachibana, Bodhisattva Gakko de Tōdai-ji. Se encuentran también representaciones de espíritus guardianes (Meikira Taisho), reyes (Kamokuten), etc.

La pintura está representada por la decoración mural de Hōryū-ji (finales del siglo VII), por varios kakemonos y makimonos, historias pintadas en un largo rollo de papel o seda, acompañadas por el texto explicativo de las distintas escenas o sutras. En el Shōsoin de Nara se conservan pinturas de tema profano, con representaciones de plantas, animales, paisajes y objetos de metal. La cerámica experimentó un notable desarrollo debido a técnicas importadas de China, como el empleo de colores brillantes aplicados sobre la arcilla.

Período Heian (794-1185)

Templo de Byōdō-in, también llamado del Fénix, en Uji.

La iconografía budista tiene un nuevo desarrollo con la importación de dos nuevas sectas del continente, Tendai y Shingon. Aún así, la escultura sufre un ligero descenso en comparación con las épocas anteriores. Destacan las representaciones de Buda (Nyoirin-Kannon, el Yakushi Nyorai de Jingo-ji, en Kyoto), y algunas diosas sintoístas. Los severos cánones impuestos por la religión budista limitan la creación del artista y restan espontaneidad a la obra.

La arquitectura sufre un cambio en la planta de los monasterios, que se erigen en lugares apartados, pensados para la meditación. Los templos más importantes son el Enryaku-ji, el Kongōbu-ji y el santuario-pagoda de Muro-ji. Durante el período Fujiwara (897-1185), el templo vuelve a situarse en la ciudad, siendo centro de reunión de las clases dirigentes. Se construyen según el modelo de los grandes palacios, con una decoración muy desarrollada (monasterio de Byōdō-in, también llamado del Fénix).

Período Kamakura (1185-1333)

Retrato de Yoritomo, atribuido a Takanobu Fujiwara.

En esta época se introduce en Japón la secta zen, que influirá poderosamente en el arte figurativo. La escultura adquiere gran realismo, mientras que el artista encuentra mayor libertad creativa. Destaca la Escuela de Nara, con la figura más remarcada de Unkei: estatuas de los montes Muchaku, y Seshin, imágenes de los Kongo Rikishi o espíritus guardianes.

La arquitectura es más sencilla, más funcional, menos lujosa y recargada; la influencia zen provoca el llamado estilo Kara-yo. Destacan el conjunto de cinco grandes templos de Sanjusangendo (1266).

La pintura se caracteriza por un mayor realismo y por su introspección psicológica. Se desarrolla principalmente el retratismo (El monje Myoe en contemplación) y el paisajismo (La catarata de Nachi). En esta época se inicia la producción de la que será la cerámica más típicamente japonesa, destacando la figura de Toshiro.

Período Momoyama (1573-1615)

Castillo Himeji.

El arte de esta época se aleja de la estética budista, remarcando los valores tradicionales japoneses; su característica más remarcable es la grandiosidad del estilo. Asimismo, durante este período se reciben las primeras influencias de Occidente. Se construyen grandes castillos y palacios: palacio de Fushimi, castillos de Himeji y Osaka. En pintura, la escuela de Tosa continúa la tradición épica japonesa (Mitsuyoshi, Mitsunori). También destacan los nombres de Eitoku Kano, Sanraku Kano y Yusho Kaiho.

La cerámica alcanza un momento de gran apogeo; Seto continúa siendo uno de los primeros centros de producción. En la localidad de Mino nacen dos escuelas muy importantes: Shino y Oribe. También destacan la escuela de Karatsu y dos tipos de cerámica muy originales: iga y bizen. En la producción de laca destaca el nombre de Honami Kōetsu.

Período Edo o Tokugawa (1615-1868)

El puente Ohashi y Atake bajo una lluvia repentina, de Andō Hiroshige, 1857.

Este período artístico se corresponde con el histórico de Tokugawa, en el que Japón se cerró a todo contacto exterior. Los edificios más importantes son el mausoleo de Toshogu en Nikkō y el palacio de Katsura en Kyoto. También son características de esta época las casas de té (chashitsu).

Se desarrolla notablemente la pintura, que adquiere gran vitalidad. Destaca la figura de Tawaraya Sōtatsu, pintor de gran fuerza dinámica (Historias de Genji, La senda de la hiedra, Los dioses del trueno y del viento). Continúa su estilo Ogata Kōrin, uno de los más grandes artistas de Japón. Los pintores de la escuela de Kanō siguen siendo los artistas oficiales del gobierno. En Kyoto nace otra escuela fundada por Maruyama Ōkyo, que combina la técnica de la pintura china con el realismo de la pintura occidental, que conoce a través de grabados holandeses. A mediados del período aparece la escuela de Bunjinga, que dará varios artistas excepcionales: Hakuin, Sengai, Ikeno Taiga y Yosa Buson.

Época moderna

Gimnasio Yoyogi, de Kenzō Tange.

En el período Meiji (1868-1912) se inicia una profunda renovación cultural, social y tecnológica en Japón, que se abre más al exterior y empieza a incorporar los nuevos adelantos conseguidos en Occidente. La arquitectura presenta una doble dirección, la tradicional (templos de Heian Jingu y de Meiji, en Tokyo) y la de influencia europea, que incorpora las nuevas tecnologías (Museo Yamato Bunkakan, de Isohachi Yoshida, en Nara). También trabajan arquitectos extranjeros, como Frank Lloyd Wright (Hotel Imperial, Tokyo). Como representantes de la arquitectura japonesa contemporánea cabe destacar a Kenzō Tange (Centro de la Paz, Hiroshima) y Arata Isozaki (Museo de Arte de Kitakyūshū), autor también del Palau Sant Jordi en Barcelona.

La pintura también sigue dos corrientes, tradicional (Nihonga) y occidentalista (Yōga), aunque independiente de ambas descuella la figura de Tomioka Tessai. La pintura tradicionalista está representada por Shunsō Hishida, Taikan Yokoyama y Kanzan Shimomura. La pintura de corte europeísta sigue las distintas corrientes que se van produciendo en el arte occidental a lo largo del siglo XX: el grupo Hakubakai recoge la influencia impresionista; la pintura abstracta tiene como figuras principales Takeo Yamaguchi y Masanari Murai; entre los artistas figurativos destacan Z. Kojima, K. Wakita y S. Tokuoka. Algunos artistas se establecerán fuera de su país, como Genichiro Inokuma en Estados Unidos y Tsuguharu Fujita en Francia.

En escultura existe igualmente la dualidad tradición-vanguardia, destacando los nombres de Y. Kinuchi, G. Sato y T. Yamamoto, además de los abstractos M. Horiuchi, R. Mukai y Y. Mizui, este último afincado en Francia. También cabe citar la colaboración de Etsuro Sotoo en la decoración escultórica de la Sagrada Familia, en Barcelona.

Más recientemente, tuvo bastante renombre dentro del llamado arte de acción el grupo Gutai, que asimila la experiencia de la Segunda Guerra Mundial a través de acciones cargadas de ironía, con un gran sentimiento de crispación y una agresividad latente; destacan Jirō Yoshihara, Sadamasa Motonaga, Shozo Shimamoto, Saburō Murakami, Katsuō Shiraga, Seichi Sato, Akira Ganayama y Atsuko Tanaka.

Arte Indio

El arte de la India se caracteriza principalmente por ser un reflejo de la compleja sociedad India, multiétnica y multicultural. Asimismo tiene un carácter principalmente religioso, el arte sirve como medio de transmisión de las distintas religiones que han jalonado la India: hinduismo, budismo, islamismo, cristianismo, etc. También hay que destacar como rasgo distintivo del arte indio su afán de integración con la naturaleza, como adaptación al orden universal, teniendo en cuenta que la mayor parte de elementos naturales (montañas, ríos, árboles) tienen para los indios un carácter sagrado.

Uno de los hechos determinantes en la construcción de la cultura india ha sido la diversidad étnica de los múltiples pueblos que han ido llegando a sus tierras: desde los aborígenes de de tez oscura ancestros de los actuales vedas y dravidas, fueron llegando en sucesivas oleadas pueblos oceánicos, protomediterráneos mesolíticos, mongoloides, armenios, arios (1500 a. C.), persas y griegos (600-300 a. C.), partos y protomongoles (50 a. C.-300), hunos (siglos VI-VIII), árabes (siglos IX-XII), turco-afganos (siglos XIII-XV), turco-mongoles (siglos XVI-XVIII) y británicos (siglos XIX-XX). Esta mezcolanza de pueblos y culturas produce un arte de gran diversidad estilística y formal, conviviendo diversas tendencias artísticas según la región.

Arte maurya (siglo III a. C.)

Stūpa de Sānchi

La dinastía Maurya expulsó a los sucesores de Alejandro Magno de la India septentrional, ocupando todo el curso medio del Indo y la parte central de la península del Deccán. Cultura de religión budista, todo su arte gira en torno a la vida y enseñanzas de Buda. Como material de construcción la piedra sustituye al ladrillo, resultando edificaciones más duraderas que las de periodos anteriores. Los primeros vestigios los tenemos en los santuarios rupestres de Barābar y en el Palacio de Aśoka en Pātaliputra, con columnas aisladas (lāt) de gres pulido, con capitel campaniforme generalmente con un grupo animal esculpido en alto relieve.

El monumento característico de este periodo es el stūpa, túmulo funerario de carácter conmemorativo, generalmente recubierto de relieves con escenas de la vida de Buda. Destacan por su calidad y conservación los stūpas de Sānchi, Bhārhut y Bodh-Gayā. La arquitectura está íntimamente ligada a la naturaleza, con dos tipologías de edificios diferenciadas: el santuario (chaitia) y el monasterio (vihāra). El chaitya suele tener planta absidal tripartita y bóveda de medio cañón; la vihāra tiene planta cuadrada, alrededor de la cual se colocan las celdas de los monjes, con techo basado sobre pilares.

La escultura se desarrolla principalmente en los capiteles, con influencia persa en la representación de animales, y pese a un acentuado hieratismo destaca por su modelado y equilibrio de masas, que serán arquetípicos en la posterior escultura india. El alto relieve era más estático, mientras que el bajo relieve tenía carácter más narrativo, adornando las balaustradas (védikā) y las puertas (torana) de los stūpa.

Arte de Gandhāra (siglos III a. C.-I d. C.)

Buda de Gandhāra

El arte de Gandhāra es de tradición grecobudista, con influencia helenística y sasánida, destacando por la representación directa de la imagen de Buda. Los monasterios están compuestos por santuarios, celdas y salas de reunión, como el de Takht-i-Bahi, cerca de Peshawar. Evoluciona la tipología del stūpa: la cúpula domina un alto tambor cilíndrico colocado sobre una base cuadrada; buen ejemplo es el de Kanisha, en Peshawar.

Arte de Mathurā (siglos I-IV)

Se localiza en la ciudad de Mathurā, situada en la cuenca superior del Ganges, desarrollando una importante escuela artística que se difundirá por el resto de la India e influenciará al arte gupta. Nos han llegado pocas representaciones de este periodo debido a la destrucción producida por la invasión islámica. El estilo Mathurā mezclaba elementos tradicionales indios con motivos grecorromanos: cabe destacar la serie de marfiles del ajuar de una princesa hallados en Begram.

Arte de Amarāvati (siglos II-III)

La región de Amarāvati se sitúa en el valle inferior del río Kistna. Coetáneo del de Mathurā, también tiene influencia grecorromana, como lo demuestra los restos hallados en Virapatnam (Pondicherry).
Al igual que los estilos anteriores, sus obras principales son monasterios y stūpas, destacando el gran stūpa de Amarāvati, de 50 metros de altura. La escultura se caracteriza por una composición centrada y personajes agrupados sin espacios vacíos, con una peculiar sonrisa en los rostros femeninos. Reinterpretan los estilos anteriores creando un lenguaje ecléctico; Buda es representado a veces con aspecto humano y a veces como símbolo.

Arte gupta (siglos IV-VIII)

Entrada a las cuevas -vihara- de Ajantā

La época gupta es la más arquetípica del arte indio, la época clásica por excelencia. Es la época de expansión total del budismo, de la creación de los grandes sistemas filosóficos (Vedānta) y de la literatura dramática (Kālidāa). Su arte es una evolución de los estilos anteriores, caracterizado por el purismo formal, la armonía de proporciones y la idealización de la figura humana. Sus ejemplos más característicos son los grandes santuarios rupestres o vihara (Ajantā, Aurangabad, Ellorā, Elephanta) y los templos al aire libre (Ter, Chezarla, Bhitargaon, Bodhagaya, Sānchi, Deogarth, Sirpur). Destaca especialmente el santuario de Ajantā, con un conjunto de 30 cuevas que aglutinan todas las manifestaciones artísticas: arquitectura, escultura y pintura; 16 de estas cuevas están decoradas con magníficas pinturas murales, como el famoso Bodhisattva del loto azul. En los frescos de Ajantā se aglutinan el antiguo naturalismo hindú con el misticismo del budismo mahāyāna.

El arte gupta se extendió por casi todo el Deccán: los Chālukya lo emplearon en los templos de Ahiōlē y Bādāmi (550-750), y los Pallava lo pusieron de manifiesto en su complejo arquitectónico-escultórico de Mahābalipuram, cinco templos monolíticos con gigantescas estatuas y un gran relieve de 30 metros de largo por 10 de alto. A estos estilos se les suele denominar "posgupta".

Arte hindú (siglos IX-XII)

Templo de Khajurāhō

Durante este periodo perviven los estilos anteriores, acentuando las formas brahmánicas. El tipo de santuario más difundido es el sikhara, como el de Udaipur. La arquitectura se divide en dos tipologías: el edificio cubierto y la pirámide, característico del arte drávida (vimāna de Tanjore, siglo XI), y el edificio con tejado curvilíneo (templos de Gujarāt y Kāthiāwār).
En las regiones montañosas se encuentran templos monolíticos, que repiten las formas tradicionales. Entre los siglos X-XI se produce el arte de Khajurāhō, que se puede considerar la culminación del arte indoario por la elegancia de sus templos y la escultura que los adorna. En Orissā, en la parte nororiental de la India, se desarrollan nuevas tipologías arquitectónicas, que convierten los sikhara y los vimāna en representaciones arquitectónicas de los dioses hindúes, como en Bhubaneshwar y Kōnārka.
En la India septentrional continúa el estilo Pallava; la escultura conserva el carácter monumental de los periodos anteriores.

Arte islámico (siglos XII-XVIII)

Taj Mahal

La invasión musulmana, que tiene su culminación en el Imperio Mogol, provoca una gran convulsión en la sociedad india y, por tanto, en su arte. A las formas tradicionales se añaden elementos característicos del arte islámico, con nuevas tipologías como la mezquita. Este sincretismo artístico se manifiesta en construcciones como las mezquitas de Lahore y Delhi y en las sepulturas de Agra, sobre todo en al famoso Taj Mahal (siglo XVII). Estas construcciones se distinguen del arte islámico puro por su sentido de la masa y de la decoración plástica. El arte tradicional hindú tiene su manifestación en la escuela miniaturista de Rajput, donde vivía una comunidad jainista que creó un arte que tuvo gran difusión en Occidente, plasmado en un conjunto de templos y esculturas de mármol con incrustaciones de piedras de colores, decorados con gran preciosismo.

A partir del siglo XII la escultura se realiza más en bronce que en piedra, destacando las representaciones del dios Śivá en actitud danzante; después serán caraterísticos los retratos de guerreros y cortesanos, tradición que llegará hasta el siglo XVIII.

La arquitectura de finales de este periodo evoluciona cada vez más hacia formas más complejas, con gran riqueza decorativa, en la que se podría denominar una fase "barroca" del arte indio (aunque sin hacer paralelismos con el barroco europeo).

Arte contemporáneo (siglos XIX-XX)

Victoria Memorial Hall, Calcuta

La ocupación británica supuso la proliferación de un estilo colonial que aportó al arte indio los lenguajes estilísticos europeos. Tuvo bastante repercusión la influencia del arte francés, sobre todo por la presencia de militares franceses que asesoraban a los majarásh indios en su lucha contra los ingleses en los primeros años de ocupación, como podemos percibir en Nagpur, Baroda y Hyderabad. La conquista británica trajo un estilo colonial bastante parecido al realizado en Estados Unidos: Catedral de San Juan, Calcuta (1787), Ayuntamiento de Bombay (1855), fuerte de San Jorge (Madrás).

El siglo XIX se caracterizó por el empleo de un estilo neogótico victoriano, sobre todo en edificios oficiales. Hasta finales de ese siglo no hubo un cierto renacimiento de la arquitectura india: Victoria Memorial Hall, Calcuta (1912), edificio de Correos de Bombay, planificación urbanística de la nueva capital, Nueva Delhi. El siglo XX supuso la apertura a tipologías más universales, abriéndose el arte indio a las formas de vanguardia, como se puede apreciar en la intervención de arquitectos extranjeros como Le Corbusier en Chandigarh y Bangalore.

Actualmente la India está viviendo un auge en el campo de la creación emergente y las artes plásticas contemporáneas. En 2007 en total eran trece los creadores indios que se encuentran en la lista de los 500 artistas de postguerra más cotizados. Algunos de los nombres que destacan son Subodh Gupta, Francis Newton Souza, Anju Dodiya, Shibu Natesan, Ravinder G. Reddy, Raqib Shaw, Syed Haider Raza, Tyeb Mehta y Jitish Kallat, entre otros. El artista hindú más cotizado es el escultor Anish Kapoor, que entre julio de 2006 y junio de 2007 acumuló unos beneficios totales en subastas de 6.440.150 euros, con 24 lotes vendidos. Paralelamente, el panorama galerístico está experimentando un fuerte auge en los últimos años. Centralizado en Nueva Delhi y Bombay, cuenta sin embargo con interesantes establecimientos en otras ciudades como Bangalore o Kolkata, donde surgen constantemente galerías jóvenes y centros de arte independientes.